miércoles, 12 de septiembre de 2012

MATIAS MONTERO Y FRANCISCO TELLO TORTAJADA

Dos nombres y dos hombres que cruzaron sus destinos un día de febrero de 1934 en la calle Mendizábal de Madrid. Matías Montero, estudiante de medicina y militante falangista, nacido en Santander y residente en Madrid junto a sus hermanos en casa de unas tías, empleadas de la Telefónica, habida cuenta de que eran huérfanos, acudía a su casa después de haber estado vendiendo el periódico FE. Iba acompañado de otros camaradas de los que se separó cuando le faltaba poco para llegar a su casa en la calle Marqués de Urquijo, 23. Fue en el instante de quedarse solo cuando dos figuras que venían siguiéndoles se aproximaron por su espalda disparándole dos tiros mortales de necesidad, haciendo tres disparos más cuando yacía sin vida en el suelo. Emprendida la fuga, se abrieron paso entre la gente que se cruzaba en su camino apuntándoles con sus armas pero uno de ellos pudo ser detendio con el arma homicida en la mano por el inspector de vigilancia, D. Justino Arenillas Caballero, acción ésta y su posterior declaración ante el juez que le valdría ser asesinado por los chequistas en el Madrid rojo de la guerra. El detenido se llamaba Francisco Tello Tortajada, militante del PSOE y la UGT, que se encontraba en libertad condicional por haber intervenido en otras agresiones de carácter político. El asesino era tallista de profesión y además del arma homicida se le intervino distinta documentación que contenía nombres y datos de posibles víctimas, como nombres de otros falangistas o la matrícula del vehículo de José Antonio Primo de Rivera. Al serle incautada el arma aún quedaba una bala en la recámara. Además de diversos antecedentes, estaba reclamado por el Juzgado de Vallecas por tenencia ilícita de armas.
Tello declaró ante la Policía que había iniciado la persecución del asesino al que había visto correr y que en su huída había dejado caer el arma y los papeles que le habían sido incautados a él, momento en el que fue alcanzado por el inspector. También declaró que el motivo de que tuviera anotada la matrícula de Primo de Rivera no era otro que su intención de asesinarlo si algún militante de su partido se viera agredido por algún falangista.
Tello era persona considerada como peligroso extremista que ya había sido detenido en Zaragoza por resistencia a la Autoridad y dos meses antes del asesinato de Matías Montero, le había sido incautada el arma por el que se le reclamaba en el Juzgado de Vallecas. El 30 de diciembre del 33 fue también detenido por desobediencia a la Autoridad.
La muerte de Matías Montero supuso una gran conmoción en el mundo universitario, suspendiéndose las clases en la Facultad donde el caído cursaba el quinto año de carrera.
Su sepelio fue una impresionante manifestación de duelo donde José Antonio pronunció alguna de las más emotivas palabras que se le recuerdan, destacando el sentido del deber de quien se sabía amenazado y aún así supo cumplir con su obligación para con España y la Falange en lugar de dar consejos desde la comodidad del hogar para ser más violentos en las represalias. Venía esto al caso del artículo de opinión que el mismo día 10 había publicado el pintor y miembro de Acción Española, Álvaro Alcalá Galiano, donde venía a considerar que el fascismo español que encarnaba la Falange había hecho dejación de la herramienta que lo había hecho triunfar en Italia o Alemania, la violencia. Destacaba a su vez que los asesinatos de falangistas apenas habían provocado una "enérgica protesta" en la prensa sin represalias posteriores por lo que la gente empezaba a ver el naciente fascismom español como "forma de vanguardismo literario", totalmente inofensivpo. Alcalá respondería a las palabras de José Antonio tres días después matizando que en sus palabras no hubo menosprecio sino asombro ante la incapacidad de FE para proteger a sus jóvenes limitándose a pronunciar sobrias palabras ante sus tumbas, lo que, en su modo de ver las cosas, implicaba que se prefería la resignación cristiana a la hostilidad, cosa que serviría para ganar el cielo pero no para conquistar el Estado. Alcalá Galiano encontaría la muerte en Paracuellos.
Pero sigamos el hilo principal; el mismo día 13 fue detenido Francisco Mellado Menacho, amigo inseparable de Tello y también militante socialista, que habían estado juntos de guardia en la Casa del Pueblo la víspera del asesinato y del que la Policía sospechaba que era el segundo de los asesinos, practicándole un registro en su casa del que se incautaron porras y documentos de interés.
El 20 de febrero se celebra la vista ante el Tribunal de Urgencia que se constituyó en el salón de actos de la Cárcel Modelo. La novelesca declaración del criminal fue desmontada por la del inspector Arenillas que vio la agresión y persiguió al autor sin perderle de vista hasta darle captura, reconociendo taxativamente al acusado. Los forenses dejaron claramente probada la alevosía y el grado de ensañamiento empleados. A preguntas del abogado de la acusación, el propio José Antonio, el perito desmonta la posibilidad de que el arma incautada hubiera sido dejada caer al suelo por la falta de cualquier huella de golpe que debiera haberse producido. El Sr. Sanz, fiscal, considera los hechos probados, la acusación deduce del informe las agravantes de ensañamiento y premeditación, mientras la defensa pidió la libre absolución. Retirado el Tribunal dicta sentencia condenatoria a veintiún años, seis meses y veintiún días de reclusión como culpable de asesinato con alevosía. Fue condenado también a dos años de prisión por tenencia ilícita de armas y a indemnizar a la familia de la víctima con 30.000 pesetas.
Matías Montero fue considerado un mártir que representa los más altos valores de la juventud universitaria, de entrega, de romanticismo y su nombre adorna aún calles y plazas mientras la izquierda radical, incívica y revanchista de donde salió su asesino pretende hacer desaparecer su memoria a pesar de que su muerte acaeció en 1934 y nada tiene que ver con el franquismo o la Guerra Civil.
Francisco Tello Tortajada apenas cumplió dos años de cárcel siendo liberado por los secuaces del Frente Popular tras el pucherazo en las elcciones de febrero del 36. Si alguien tiene ganas puede comprobar qué es lo que entiende la izquierda por memoria histórica: http://www.fpabloiglesias.es/archivo-y-biblioteca/diccionario-biografico/biografias/5030_tello-tortajada-francisco
Como se puede comprobar, la Fundación Pablo Iglesias, mantenida con fondos públicos, omite cualquier referencia al pasado criminal del fulano para recrearse en sus habilidades como tallista, escultor o comandante de aviación.
Según el Registro Nacional de Extranjeros en México, Tello llega a este país el día 7 de julio de 1939 en calidad de asilado político y en su internamiento declara como ocupación las de bombardero de aviación y escultor. Entró por el puerto de Veracruz a bordo del buque "Ipanema". Falleció en enero de 1966.
Tortajada y el PSOE, la ETA y su prometedor futuro en la política vasca, dos astillas del mismo árbol.

4 comentarios:

  1. Magnifico documento y hermoso recuerdo de Matías Montero.
    La historia está escrita y no se puede borrar, aunque hay quienes se empeñen en hacerlo.Sobre todo los que revuelven en la "Memoria Histórica"
    a su gusto.
    Un saludo

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  2. Una vez hechas las gestiones con la Fundación Pablo Iglesias, y habiendo adjuntado documentación sobre los hechos, se comprometieron a poner en la semblanza de este asesino Tello Tortajada el crimen cometido contra Matías Montero

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  3. ya va siendo hora de desmontar la memoria histórica

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