martes, 14 de mayo de 2013

SAGARDIA HABLA DE LA 1ª BANDERA DE PALENCIA





Detalle de la cruz en memoria de la 1ª Bandera de Falange de Palencia en el puerto de Carrales


En abril de 1937 los ataques rojos en el sector de Sargentes iban perdiendo intensidad pero continuaron. Pronto el sector de Bricia se convirtió en escenario de duros combates, Espinosa, Barrio o Cilleruelo conocieron de primerísima mano lo que es la guerra. En su afán de cortar la carretera de Burgos a Santander en el sector que defendían las fuerzas de Sagardía para evitar que los rojos del norte pudieran caer sobre la capital castellana, la zona de La Lora y Carrales llegó a ser un verdadero infierno. No es este el lugar para relatar todas las acciones desarrolladas en esta campaña, sólo repararemos en la que tuvo como protagonista a la 1ª Bandera de Falange de Palencia y lo haremos por boca del Comandante en Jefe de aquellas tropas, el entonces Coronel Antonio Sagardía Ramos. Tiene la palabra:


El páramo de Bricia desde el monumento a la Columna Sagardía


"...Con los datos que había adquirido en esta exploración decidí la operación que se había de desarrollar en la madrugada siguiente. Ya había llegado la Bandera de Palencia, con una presentación magnífica. Hombres de Castilla enjutos, fuertes y con deseos de pelear; mandados por el Comandante Velloso, se los llevó al cercano pueblo de Campino, donde se alojaron. La artillería, compuesta por las dos baterías citadas anteriormente, más una que había llegado de 105 de montaña, la coloqué cerca de Campino, y ya cuando la noche empezaba me retiré a mi puesto de mando de Escalada, a redactar la orden para el ataque del día siguiente. Enviada ésta a las diversas unidades y estando despachando todas las disposiciones para los servicios, cerca de la medianoche el teléfono me llama angustioso para decirme que Espinosa de Bricia acababa de caer en poder del enemigo. ¿Qué había pasado? Al retirarme de la línea de fuego por la tarde, el pueblo se sostenía valientemente. El enemigo había cesado en su fuego. También él tenía que descansar, después de cuatro días de ataques incesantes; así es que la noticia me llenó de confusión. marché inmediatamente a Campino, y allí me confirmaron la noticia, traida desde Cilleruelo. Por lo visto, la guarnición, muy diezmada y en un estado de fatiga grande, se había replegado sobre Cilleruelo. El enemigo mismo no se dio cuenta de la retirada, pasando los nuestros entre los batallones que sitiaban Espinosa. Los heridos y enfermos fueron evacuados, unos en camillas y otros a hombros de sus compañeros.
La situación táctica había cambiado, Mi primera decisión fue cambiar de asentamientos la artillería. Libre el enemigo de Espinosa, los batallones que tenían sitiando al pueblo quedaban en libertad para atacar por el sur de Cilleruelo hacia la carretera. Era una temeridad tener la artillería tan cerca. Inmediatamente se empezó el traslado de las tres baterías, que hubo que asentarlas en las lomas al norte del pueblo de Turzo; así, aunque el enemigo llegase a la carretera, la artillería quedaba a salvo; esta suposición yo nunca creí que llegase, pero la prudencia hace que se pasen todas las probabilidades.
También a las fuerzas hubo que cambiar la hora del ataque; pues aún suponiendo que a la artillería la consiguiéramos asentar para antes del amanecer, hora que se había fijado para el ataque, era necesario preparar los datos de tiro con precisión, no bastando hacerlo por el plano, teniendo en cuenta que las tropas nuestras y las del enemigo iban a llegar al contacto, para lo cual era necesario esperar a la luz del día.
Marché con las baterías a enseñarles las posiciones nuevas, que yo conocía perfectamente, dejando al Comandante Velloso la orden, modificada en el sentido de que no iniciase el ataque hasta que yo le diese la orden, que sería cuando la artillería estuviese dispuesta.
La Bandera de Palencia poco durmió esa noche. Sus hombres venían precedidos de fama de valientes y querían confirmar esa fama en el próximo combate. La impaciencia hizo que antes de la hora prevenida ya estuviesen sus hombres de pie y marchasen hacia su base de partida a las dos de la madrugada. Como no conocían el terreno, soldados de mi columna les guiaban, pero antes del amanecer, que en esos días dde mayo son tan tempranos, ya estaban colocados y dispuestos para el avance. ¿Qué pasó después? No se puede saber, porque los que podían contarlo murieron. parece ser que la impaciencia de los hombres contagió a sus jefes, y la Bandera, enardecida, sin esperar la hora que la artillería había de ayudarla, empezó el avance. La fatalidad hizo que en el mismo punto los rojos, libres de la pesadilla de Espinosa, habían decidido atacar a nuestras líneas. Dos batallones rojos, voluntarios de la FAI, a la misma hora y en el mismo punto avanzaban hacia nosotros, y justamente cuando empezaba a clarear el día se verificó el combate de encuentro.
El choque fue espantoso. Pocos disparos de fusil, algunas bombas de mano y el cuerpo a cuerpo; la Bandera de Palencia hizo honor a su fama luchando con un enemigo más numeroso y quedando sin mandos, por haber caido muertos o heridos todos sus oficiales. Pronto llegó la noticia a mí. Estaba terminando de ver la colocación de la artillería, y a caballo, a través de los campos, en unos minutos llegué al sintio del combate, bien oportunamente por cierto, pues los heroicos muchachos de la Bandera de Palencia, sin oficiales, tuvieron un momento de vacilación. Al verme llegar vinieron muchos hacia mí llorando y pidiendo vengar a su comandante, a quien tanto querían y a sus oficiales. les dirigí unas cuantas palabras enérgicas y les ordené que me trajeran los cadáveres de su comandante, capitanes y tenientes; oído lo cual y enardecidos por mis palabras se lanzaron al enemigo, lo rechazaron, tomaron alguno de los puestos de donde habían partido los rojos, hicieron algunos prisioneros y a mí me dejaron a los pies el cadáver del comandante Velloso, del capitán Pérez Cuadrado y de otros oficiales que en esta mañana de mayo, radiante de sol, habían dado su vida por la Patria. El combate continuó; no olvidaré jamás aquella mañana luminosa. la brisa movía los revueltos cabellos de los oficiales tendidos delante de mí. Pasaban los heridos a pie, ayudándose unos a otros, cubiertos de sangre: se acercaban a ver sus oficiales muertos, lanzando imprecaciones, gritando venganza; cuatro prisioneros que yo estaba interrogando tuve que cubrirlos con mi cuerpo, porque en su desesperación querían matarlos; los médicos no podían curar a tantos y todos querían ser los primeros en curarse, para volver al combate, que a cien metros de este cuadro llegaba a su fase culminante.
Mediada la mañana el combate fue languideciendo, y poco a poco terminó por agotamiento de los dos bandos. La Bandera de Palencia había pagado caro su heroísmo, pero los dos batallones rojos quedaron deshechos.
Unos y otros nos dedicamos a retirar nuestros muertos y heridos.
El combate había sido bien sangriento, como sucede siempre en los de encuentro cuando las tropas son valientes. Nuestra artillería, en cuanto se hizo de día y pudo tomar datos, entró en fuego, castigando al enemigo en su retirada y ayudando a quebrantarle, evitando que volviese al ataque, pues en la situación en que había quedado la Bandera de Palencia hubiera sido peligroso. Por la tarde se retiró la Bandera de línea y marchó a Venta de Orbaneja para rehacerla y darla nuevos mandos. En los combates de estos primeros cinco días de mayo tuvo el enemigo 1.800 muertos
Los rojos se atribuyeron como una victoria el resultado del combate del 5 de mayo, publicando su prensa que el General Mola había sido derrotado cerca de Burgos.
No; no fue una victoria para ellos: ñas líneas quedaron igual que antes del combate, con la sola diferencia que el terreno comprendido entre ellas quedó empapado en sangre y dolor de una juventud que su destino trágico les hacía enfrentarse, unos para salvar a España, otros para hundirla..."

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